COLUMNA /// Teresa Crivaro

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#NoConvencional

Hoy /// El don del mensajero

 

El reducto es la “obra de defensa construida en el interior de otra fortificación”,  es como el corazón de un fuerte. Podríamos pensarlo como metáfora respecto del lugar que ocupa la forma del discurso. La suerte de los mensajes reside en ella, no en el azar.

Cuando Alvy Singer canta: “No te puedo ver si me gritas, si me susurras es mejor. Y si me miras veo el sol, entrando por mis ojos y saliendo de tu voz”, nos está diciendo eso: que si las orejas fueran la pista de aterrizaje del mensaje, la estructura de éste sería el piloto que centra el avión cuando toca tierra.

Un capítulo de Mad Men muestra cómo un empleado pierde su trabajo al adjudicar al atractivo de Don Draper la habilidad discursiva de éste negociando con un cliente disconforme. Aunque la imponencia física de Don es innegable, ello no opaca la destreza narrativa en su haber. Quizás la frustración del empleado sea no poder imitarlo (de ninguna manera).

Cuando una verdad es revelada, sólo los astutos lo hacen exitosamente.  Allí la estética del mensaje es la vedette que denota la intencionalidad de lo que se dice. Hablar bien obliga a escuchar bien. No es casualidad que el otorrinolaringólogo vele por nuestros oídos, garganta y nariz; el oxigeno es cómplice en el arte del decir, dando espacio a la pausa cuando el instinto nos empuja a escupir atropelladamente lo que buscamos expresar.

La forma de la cosa es lo que mueve la materia hacia un lado o hacia el otro. Don, tiene un don que no vino en sus genes; que puede ejercitarse si se está dispuesto a tolerar la ansiedad de la respuesta y a identificar nuestros fantasmas cuando le hablamos al otro. Entonces, la pregunta: ¿estamos dispuestos a eso?

 

 

 

Sección Blog / En El Ropero /// DATOS COLUMNISTA:

  1. Texto by Teresa Crivaro
  2. Ocupación: Lic. en Psicología. Capital Federal (Cañitas)

 

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